Guía de precios
¿Cuánto cuesta un software a medida en Chile?
No hay un precio único: depende del alcance, las integraciones y la madurez de tus procesos. Te explicamos qué mueve la aguja y cómo presupuestar sin sorpresas.

Es la pregunta que todos hacen primero, y la respuesta honesta es 'depende'. Pero 'depende' no te sirve para decidir. Así que aterricémoslo: qué factores determinan el costo de un software a medida, cuánto pesa el costo total más allá del desarrollo, por qué conviene pensarlo por etapas y cómo pedir un presupuesto que no te explote a mitad de camino.
Por qué no hay un precio de lista
Un software a medida se construye para tu operación, no hay dos iguales. Por eso no existe una 'tabla de precios': lo que cuesta resolver el control de obra de una constructora no tiene nada que ver con un cotizador para un taller automotriz.
Lo que sí podemos hacer es darte un rango claro apenas entendemos el alcance. Nunca un número al voleo que después cambia tres veces.
Y una cosa más: un proyecto acotado y bien definido siempre cuesta menos que uno amplio y difuso. Por eso la primera conversación no es de plata, es de alcance. Quien te da un precio cerrado sin preguntarte cómo trabajas, está adivinando.
Los factores que más mueven la aguja
Estos son los que de verdad cambian el presupuesto:
- Alcance funcional: cuántos módulos, pantallas y procesos cubre.
- Integraciones: conectar con tu ERP, planillas o sistemas existentes suma trabajo.
- App de terreno y uso offline: el soporte para faena con mala señal tiene su costo.
- Roles y permisos: mientras más perfiles distintos, más lógica.
- Migración de datos: traer lo viejo ordenado no es gratis.
- Soporte y evolución post-entrega: si quieres mejoras mes a mes.
Lo que más pesa: integraciones, terreno y roles
De todos los factores, tres son los que más suelen inflar un presupuesto, y conviene mirarlos con lupa antes de partir.
Las integraciones suenan simples ('que se hable con el ERP'), pero cada sistema tiene su forma de entregar datos y sus mañas. Conectar dos sistemas que nunca se han hablado implica entender ambos lados, probar harto y dejar respaldos cuando uno se cae.
El terreno es el otro grande: una app que registra en faena sin señal y sincroniza después no es una pantalla más, es otra arquitectura. Y los roles y permisos, aunque parezcan detalle, multiplican la lógica cuando supervisores, operarios y oficina ven y hacen cosas distintas sobre los mismos datos.
El costo total: lo que pagas más allá del desarrollo
El precio del desarrollo es solo la primera línea. Para comparar bien, suma todo lo que el sistema implica en el tiempo: el hospedaje o infraestructura donde corre, el soporte y las mejoras que le irás pidiendo, y las licencias de servicios de terceros si los usa (mapas, firma electrónica, envío de mensajes).
Y ojo con el costo que no aparece en ninguna cotización: el de no hacer nada. Si hoy tu equipo pierde horas digitando a mano lo que otro ya anotó en terreno, ese costo lo pagas todos los meses, solo que nadie te lo factura.
La comparación honesta no es 'cuánto cuesta el software', sino 'cuánto me cuesta seguir como estoy versus cuánto cuesta resolverlo, todo sumado, en tres años'.
Rangos cualitativos: qué tipo de proyecto cuesta qué
Sin poner números al voleo, sí hay órdenes de magnitud que te orientan. En la punta más acotada está el sitio web corporativo o la landing con formulario: pocas pantallas, sin lógica compleja, sin integraciones. Es el tipo de proyecto más barato y rápido de encarar.
Un peldaño arriba está el sistema interno acotado: un cotizador, un panel con el estado de la operación, una automatización que arma el reporte solo. Ya hay usuarios, roles simples y datos que cuidar, pero el alcance cabe en una etapa.
Y en la punta más compleja está la plataforma operativa: app de terreno offline, integración con tu ERP o facturación, varios roles, migración de datos históricos. Cada una de esas piezas suma, y juntas explican por qué un proyecto puede costar varias veces otro. Por eso la conversación seria parte por ubicar tu proyecto en ese mapa, no por un precio.
Por qué conviene pensarlo por etapas
En vez de un proyecto gigante de un año, conviene partir por el dolor más caro: un primer módulo acotado (un MVP) que ya entregue valor. Lo validas con tu equipo, ves que funciona y de ahí escalas.
Esto reduce el riesgo (no apuestas todo de una) y reparte la inversión en el tiempo. Si algo no calza, te das cuenta temprano y barato.
Además, cada etapa se paga con el ahorro o el orden que dejó la anterior. La digitalización se financia sola cuando vas por partes.
Los riesgos que encarecen un proyecto (y cómo evitarlos)
El riesgo número uno es el alcance difuso: partir con una idea general e ir descubriendo sobre la marcha lo que el sistema debía hacer. Cada descubrimiento es un cambio, y cada cambio cuesta. Se evita con un levantamiento serio antes de programar.
El segundo es no involucrar a tu equipo: si el sistema se diseña sin hablar con quien lo va a usar, terminas pagando ajustes que eran evitables, o peor, un sistema que nadie usa. El tercero es no dejar claro quién es dueño de qué: el código, el dominio y los datos deben quedar a tu nombre desde el día uno.
Cómo pedir un presupuesto sin sorpresas
Pide siempre un rango claro antes de partir, con fases y entregables definidos. Que quede explícito qué incluye y qué no, y que el código y el dominio queden a tu nombre.
Una agencia seria te dice derecho si tu idea es muy cara para el valor que entrega, y te propone una versión más acotada para empezar.
Señales de que un presupuesto es serio
Un presupuesto confiable se reconoce por cómo está armado, no por el número final. Trae fases con entregables concretos, explica qué incluye cada una y deja por escrito qué queda fuera. Si todo cabe en una línea con un total, falta trabajo detrás.
También es buena señal que te hagan preguntas incómodas antes de cotizar: cómo trabaja tu gente, qué sistemas usas, qué datos tienes. Cada pregunta de esas es una sorpresa menos a mitad de camino, para ti y para quien desarrolla.
Y la señal más clara de todas: que te digan 'no'. Si tu idea completa no calza con tu presupuesto, una agencia seria te lo dice y te propone una versión acotada que sí, en vez de prometerte todo y recortar después en calidad o en plazos.
Preguntas que conviene hacer antes de cotizar
Llega a la conversación con estas respuestas pensadas, y la cotización será mucho más certera:
- ¿Qué proceso me duele más hoy y cuánto me cuesta ese dolor en tiempo o plata?
- ¿Quiénes lo van a usar y dónde: oficina, terreno o ambos?
- ¿Con qué sistemas actuales tiene que hablarse?
- ¿Qué datos tengo hoy y en qué estado están?
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